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Al conducir desde el Aeropuerto Internacional José Martí hacia la capital cubana, La Habana, llama la atención de inmediato la desolación de la vía principal. Apenas unos automóviles aquí y allá, algunas motocicletas adaptadas, que recuerdan a los “tuk-tuks” asiáticos, pero, en general, reina una calma notable, una ausencia de movimiento.
Esto no resulta sorprendente, dado que han transcurrido más de tres meses desde que el último cargamento de combustible llegó a la isla. Según las autoridades cubanas, incluso antes de que Trump anunciara, el 31 de enero, la orden ejecutiva que declaraba a Cuba como una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos, los envíos de combustible ya estaban siendo bloqueados.
Pero, ¿qué implica que no entre combustible en una nación insular con recursos petroleros propios muy limitados y cuyo sistema de electricidad funciona a base de combustible? Significa la restricción de servicios esenciales, tales como el transporte, la educación y la atención médica, para millones de personas. Significa que Cuba se ha visto obligada a poner en marcha planes de emergencia en todos los ámbitos de la vida nacional para racionar el escaso combustible y la energía de los que dispone.
En una intervención pública realizada la semana pasada, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, denunció que más de 100.000 pacientes, entre ellos varios niños, se encuentran a la espera de ser intervenidos quirúrgicamente debido a la escasez de combustible.
La Brigada Juvenil “Let Cuba Live” llega a La Habana
“¿Cómo se denomina a una política que ataca específicamente a la población civil y a su capacidad de supervivencia? ¿Qué es eso, si no un genocidio?”, preguntó Manolo De Los Santos, director ejecutivo de The People’s Forum, a los integrantes de la Brigada Juvenil “Let Cuba Live”. “A 30.000 mujeres embarazadas se les está negando su derecho a recibir una atención prenatal integral a consecuencia de este bloqueo”, añadió.
Un grupo de 40 jóvenes activistas procedentes de diversos puntos de Norteamérica viajó a la isla como parte de la Brigada Juvenil “Let Cuba Live”. Provenientes de organizaciones como el Movimiento Juvenil Palestino (PYM), Nodutdol: Desarrollo de la Comunidad Coreana, el Partido por el Socialismo y la Liberación, el Colectivo Feminista en Construcción, Artistas contra el Apartheid y otras, jóvenes activistas han declarado que rechazan el “asedio genocida de la administración Trump contra el pueblo cubano” y demuestran su “solidaridad y amistad frente a las crecientes amenazas de guerra”. Su brigada forma parte de la misión internacional de solidaridad denominada “Convoy Nuestra América”. Cientos de activistas de todo el mundo viajaron a Cuba desde Italia, Colombia, Gran Bretaña, Brasil y varios otros países, trayendo consigo varias toneladas de ayuda humanitaria de urgente necesidad.
Además de la entrega de ayuda humanitaria, este esfuerzo internacional busca enviar un mensaje de solidaridad política, para afirmar que los pueblos del mundo están con Cuba, en un momento en que muchos le han dado la espalda. En los últimos meses, Honduras, Guatemala y Jamaica suspendieron sus acuerdos de cooperación médica con Cuba. Si bien públicamente las justificaciones para esta medida variaron, resulta difícil imaginar que se tratara de una coincidencia en medio de la campaña de máxima presión emprendida por la administración Trump.
El pueblo cubano se prepara para defender la Revolución
En medio de la campaña de máxima presión de Washington contra Cuba, los principales medios de comunicación de Estados Unidos, así como de Europa y América Latina, han estado proclamando falsamente la “caída de la Revolución”. Halcones anticubanos, como Marco Rubio, han hecho comentarios frívolos sugiriendo que él, y Estados Unidos, están “listos” para “tomar el control” de Cuba.
Si bien el momento es crítico, el pueblo cubano manifiesta un profundo sentido de orgullo, patriotismo y compromiso de luchar por su soberanía y dignidad, reiterando que están abiertos al diálogo, pero no a negociar su soberanía.
“Estamos listos para defender nuestra tierra a cualquier precio. Este es el compromiso de la juventud cubana”, afirmó Mirthia Brossard, de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba.
“Este no es el fin de la Revolución; es otra etapa. Este es nuestro Moncada, nuestra Bahía de Cochinos. La juventud de Cuba confía en la Revolución y tiene la certeza de que superaremos este momento… estamos construyendo el futuro con nuestras propias manos”. El 21 de marzo, cientos de voluntarios internacionales, entre ellos el parlamentario británico Jeremy Corbyn, el eurodiputado belga Marc Botenga, la legisladora colombiana María Fernanda Carrascal, los raperos irlandeses Kneecap y el rapero estadounidense Vic Mensa, entre otros, se reunirán en La Habana, Cuba, para un acto de solidaridad.
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