
By Alfonso Insuasty, International Network of Studies on Geopolitics, Militarization and Resistance in Our America, January 5, 2026
Español Abajo
The International Network of Studies on Geopolitics, Militarization, and Resistance in Our America, established and strengthened within the framework of the II International Meeting held in Medellín in November 2025, made up of academics, researchers, social movements and organizational experiences from nine countries of the continent, makes this statement public in the face of the profound and accelerated regional militarization, the violent reconfiguration of the global order and the growing risks to the sovereignty, democracy and life of the Latin American and Caribbean peoples.
The analyses shared during the Meeting allow us to affirm, with academic rigor and political clarity, that Our America is going through a moment of great historical danger. The relative loss of hegemony of the United States in the international system has led to an aggressive strategy of geopolitical repositioning, based on the expansion of its military presence, the control of strategic territories rich in common resources, the doctrinal subordination of local armed forces, and the criminalization of political, social, and community projects that challenge the imposed order.
In this context, the expansion and deepening of military agreements with NATO, the United States Southern Command, and other extra-regional security structures , far from offering guarantees of stability, increase dependence, erode national sovereignty, and transform our countries into platforms for war, control, and plunder. The Colombian case—formalized as a NATO “global partner”—is a stark warning of the political, social, and territorial costs of this strategic subordination.
From a historical, legal, and geopolitical perspective, the sovereign governments of the region now have sufficient political, ethical, and international law grounds to dismantle these military agreements, critically review the security doctrine imposed from the North, and reclaim the principle of regional strategic autonomy. Persisting in these pacts not only compromises the self-determination of states but also exposes their people to foreign conflicts, resource wars, and internal militarization dynamics that exacerbate structural violence.
The Second Meeting reaffirmed that militarization is not an isolated phenomenon nor exclusively military: it manifests itself in policies of territorial control, technological surveillance, psychological operations, criminalization of protest, land dispossession, and social disciplining , directly affecting Indigenous, peasant, Afro-descendant, and working-class communities. In response, territorial resistance, community guards, local autonomies, and solidarity economies are emerging as legitimate alternatives to the inaction or complicity of many states.
In this critical scenario, resuming and promoting serious processes of sovereign regional integration is not a rhetorical option, but an urgent historical necessity. Experiences like UNASUR, now weakened or dismantled, demonstrated that it is possible to build independent structures for political dialogue, defense cooperation, conflict resolution, and regional protection without imperial tutelage. Their reconstruction, updating, and deepening are strategic in the face of the current cycle of global confrontation.
On the eve of the 200th anniversary of the Amphictyonic Congress of Panama (1826–2026), the call of the Liberator Simón Bolívar resonates with undeniable relevance: disunity condemns us to dependence; the unity of free peoples is a prerequisite for true sovereignty. Bolívar warned early on about the dangers posed by the powers that sought to make Latin America their permanent sphere of influence. Two centuries later, history confirms the wisdom of that warning.
Therefore, from this International Network:
We warn about the growing risks of regional militarization and its connection to global corporate, energy, and financial interests.
We urge sovereign governments to break subservient military agreements with NATO and the Southern Command, and to comprehensively review their security doctrines.
We call for the reconstruction of mechanisms for unity and autonomous regional integration, based on peace, cooperation and the defense of life.
We reaffirm the strategic role of organized peoples, critical academia, and social movements in building emancipatory alternatives.
Our America can no longer be a military playground, a laboratory of war, or a reserve of resources for a civilizational system in crisis. The defense of peace today inescapably depends on the defense of sovereignty, regional integration, and the unity of free peoples.
International Network of Studies on Geopolitics, Militarization and Resistance in Our America.
Pronunciamiento Sobre La Militarización En América Latina
Alfonso Insuasty, Un Mundo Más Allá de la Guerra, 3 de Enero del 2026
Red Internacional de Estudios sobre Geopolítica, Militarización y Resistencias en Nuestra América
La Red Internacional de Estudios sobre Geopolítica, Militarización y Resistencias en Nuestra América, constituida y fortalecida en el marco del II Encuentro Internacional realizado en Medellín en noviembre de 2025, integrado por académicos, investigadoras e investigadores, movimientos sociales y experiencias organizativas de nueve países del continente, hace público este pronunciamiento ante la profunda y acelerada militarización regional, la reconfiguración violenta del orden global y los riesgos crecientes para la soberanía, la democracia y la vida de los pueblos latinoamericanos y caribeños.
Los análisis compartidos durante el Encuentro permiten afirmar, con rigor académico y claridad política, que Nuestra América atraviesa un momento de alta peligrosidad histórica. La pérdida relativa de hegemonía de Estados Unidos en el sistema internacional ha derivado en una estrategia agresiva de reposicionamiento geopolítico, basada en la expansión de su presencia militar, el control de territorios estratégicos ricos en bienes comunes, la subordinación doctrinal de fuerzas armadas locales y la criminalización de proyectos políticos, sociales y comunitarios que disputan el orden impuesto.
En este contexto, la ampliación y profundización de acuerdos militares con la OTAN, el Comando Sur de los Estados Unidos y otras estructuras de seguridad extra-regionales, lejos de ofrecer garantías de estabilidad, incrementan la dependencia, erosionan la soberanía nacional y convierten a nuestros países en plataformas de guerra, control y saqueo. El caso colombiano —formalizado como “socio global” de la OTAN— es una advertencia clara de los costos políticos, sociales y territoriales que implica esta subordinación estratégica.
Desde una perspectiva histórica, jurídica y geopolítica, los gobiernos soberanos de la región cuentan hoy con suficientes razones políticas, éticas y de derecho internacional para deshacer dichos acuerdos militares, revisar de manera crítica la doctrina de seguridad impuesta desde el norte y recuperar el principio de autonomía estratégica regional. Persistir en estos pactos no solo compromete la autodeterminación de los Estados, sino que expone a los pueblos a conflictos ajenos, guerras por recursos y dinámicas de militarización interna que profundizan la violencia estructural.
El II Encuentro ratificó que la militarización no es un fenómeno aislado ni exclusivamente castrense: se expresa en políticas de control territorial, vigilancia tecnológica, operaciones psicológicas, criminalización de la protesta, despojo de tierras y disciplinamiento social, afectando de manera directa a comunidades indígenas, campesinas, afrodescendientes y populares. Frente a ello, las resistencias territoriales, las guardias comunitarias, las autonomías locales y las economías solidarias emergen como respuestas legítimas ante la inoperancia o complicidad de muchos Estados.
En este escenario crítico, retomar e impulsar procesos serios de integración regional soberana no es una opción retórica, sino una necesidad histórica urgente. Experiencias como UNASUR, hoy debilitadas o desmanteladas, demostraron que es posible construir arquitecturas propias de diálogo político, cooperación en defensa, resolución de conflictos y protección regional sin tutela imperial. Su reconstrucción, actualización y profundización resultan estratégicas frente al actual ciclo de confrontación global.
A las puertas de los 200 años del Congreso Anfictiónico de Panamá (1826–2026), el llamado del Libertador Simón Bolívar resuena con una vigencia incuestionable: la desunión nos condena a la dependencia; la unidad de los pueblos libres es condición para la soberanía real. Bolívar advirtió tempranamente sobre los peligros de las potencias que pretendían convertir a América Latina en su zona de influencia permanente. Dos siglos después, la historia confirma la lucidez de esa advertencia.
Por ello, desde esta Red Internacional:
Alertamos sobre los riesgos crecientes de la militarización regional y su articulación con intereses corporativos, energéticos y financieros globales.
Exhortamos a los gobiernos soberanos a romper acuerdos militares subordinantes con la OTAN y el Comando Sur, y a revisar integralmente sus doctrinas de seguridad.
Llamamos a reconstruir mecanismos de unidad e integración regional autónoma, en clave de paz, cooperación y defensa de la vida.
Reafirmamos el papel estratégico de los pueblos organizados, la academia crítica y los movimientos sociales en la construcción de alternativas emancipadoras.
Nuestra América no puede seguir siendo patio militar, laboratorio de guerra ni reserva de recursos para un sistema civilizatorio en crisis. La defensa de la paz pasa hoy, de manera ineludible, por la defensa de la soberanía, la integración regional y la unidad de los pueblos libres.
Red Internacional de Estudios sobre Geopolítica, Militarización y Resistencias en Nuestra América
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